viernes, 8 de setiembre de 2006

Este pánico social

Como todas las mañanas, salgo apresurada de casa. Se hacen las 6:45 y estoy a punto de perder el ómnibus que me deja en hora en la escuela. Sin embargo, debo viajar sola. Mis compañeras han de haberse tomado el que pasó anteriormente. Aguardo en la parada, los minutos transcurren... extraigo mi celular del bolsillo, observo la hora. Vuelvo a guardarlo. Segundos más tarde vuelvo a observar la hora. Viene el ómnibus. Durante el transcurso del viaje comienza a llenarse de gente. Van subiendo cada tanto y mantengo un silencio aniquilado en un suspiro esperanzador de que cuando esté llegando a destino ya esté más despejado el ambiente. Se supone que tengo una hora y cinco minutos de viaje desde mi punto de partida hasta mi destino: la escuela.

El tiempo va pasando y repentimante comienzo a sentir que mi corazón se acelera, golpea fuertemente contra mi pecho. Mi respiración se dificulta. Sí... el tan temido pánico social me invade una vez más. Intento controlarme, trato de no demostrar mis síntomas pero siento que todos los pasajeros me observan y que se han percatado de lo que me sucede (aunque realmente no sea así). Siento miradas por doquier, me rodean, me observan, me cuestionan sin emitir comentario, sus rostros lo dicen todo. Ya no puedo seguir en viaje. Necesito descender, respirar el aire urbano, sentir que ya no estoy en ese ómnibus. Simplemente apaciguarme. Ya llevo treinta y cinco minutos de recorrido. Mantenerme allí por otra cantidad igual de tiempo se me hará eterno. No creo resistirlo. Tomo mi mochila, me la cuelgo al hombro. Sin siquiera pedir permiso me apresuro hasta llegar a la puerta trasera del ómnibus. Toco timbre anunciando mi próxima parada para descender. Finalmente, lo hago. Piso tierra firme. Estoy sobre la vereda, al menos allí ya no hay tanta gente. Los síntomas de mi pánico social aún siguen manifestándose como desde el comienzo.

Camino lentamente... mirando hacia abajo, intentando no cruzar miradas con ningún transeúnte. Busco un teléfono, llamo a casa. Nadie contesta. Dejo sonar. Nada. Llamo a mi tío, no le explico lo sucedido. Tan sólo necesito que alguien sepa que regreso a casa. Y así lo hago. Ya estoy de nuevo a salvo, aunque sé que nunca dejé de estarlo.

6 Comments:

  1. tempore said...
    wow, claustrofóbico relato, terminé de leer con la respiración agitada... es cierto lo que ocurre? (o sea, las palabras dan para tanto).

    pero si es tan lindo andar sola por la calle, con buena musica embutida en los oidos, o con un buen libro bajo el brazo y pensando en... él o en alguna otra cosa bastante más útil.

    no te recomiendo andar por Santiago de Chile en micro a las 6 de la tarde.

    y de uruguay me llegó la visita... la tierra del tío Mario (Benedetti)... genial.

    saludos!!!!
    Todo es por algo said...
    La verdad a mi nunca me ha sucedido eso... Pero me han contado que es terrible, si me ha sucedido, que mucha gente me desespero y solo kero salir de ese lugar, talvez sea un sintoma nose... Vas a tener k seguir una terapia o algo, porque esas fobias no dejan vivir, lo digo por mi fobia a los ratones... que no me deja vivir
    ..·: Anita :·.. said...
    Así es. Lo que relaté sucede realmente. Son síntomas de pánico social. Se acrecientan más cuando se padece de fobia social.
    Por mi parte ya estoy haciendo tratamiento para superarlo. Me está yendo bastante bien. Debo hacerlo sí o sí, más aún cuando mi carrera me obliga a estar en contacto con mucha gente diariamente. Puede sobrellevarse.
    Tal vez en algún momento estas cosas nos llevan a pensar y reflexionar sobre pequeñeces que nos alegran tanto la vida y sin embargo a otras personas pueden complicársela. Cosas de la vida, cosas que pasan. Hay que luchar y pelearla siempre. Lo importante es no rendirse facilmente ni bajar los brazos.
    Doy fe de que con esfuerzo, con ganas, y con esmero todo puede realizarse.
    Jorge Marín said...
    De antemano te felicito por esa forma de escribir y te comento que no se como le haces, por que el corazón no tiene manos, pero en fin tu secreto tendrás, ¿o no?

    Esa magia que veo en tu mente es producto de tu amor por las cosas y no me sorprende, se quien eres y lo mucho que vas ha dar ha este mundo, ¿te acuerdas lo que te conté de mi abuela? Solo Dios sabe por que te pasan las cosas y por lo que has de pasar, pero solo lo vas pasar, ¿Qué palabra, no? “pasar” la ventaja es que no es “quedar”.

    Déjame explicarme.

    La movilidad natural que experimentamos en todas las personas y cosas de este planeta, nos permite saber que nada es eterno y que, así como, la materia, las cosas buenas y también las malas se acaban y nunca regresan.
    Llegaran otras mejores o peores pero “pasaran” como todo. Ese pánico social se ira, como todo, y te pasaran las cosas mas maravillosas de este mundo por que así como las siembras las cosechas maestra, darte el remedio es difícil solo una sabe que trae en su morral, pero se lo perseverante que eres y saldrás avante como en todo lo que haces y acuérdate que solo es dejar que “pase”

    Y solo espero que nuestra amistan pase a mejores niveles y que se engrandezca.

    Tu amigo Jorge Marín
    ..·: Anita :·.. said...
    Querido Jorge, agradezco enormemente tu comentario y las palabras tan llenas de buena onda y comprensión.
    Sí, recuerdo muy bien lo que me contaste de tu abuela y coincido en eso de que sólo Dios sabe por qué pasan las cosas, yo agregaría que en esta vida "todo sucede por algo". Todo tiene una razón de ser -o de suceder-.
    Gracias por tu apoyo. ¡Ya sabes que siempre contarás con mi amistad!
    Andre... said...
    Solo aquel que ha experimentado este tipo de situaciones puede entenderlas. Sólo aquel que- felizmente- las ha superado puede contribuir con un mensaje alentador! En la vida todo se superar... un abrazo, Avanti!

Post a Comment