miércoles, 23 de agosto de 2006

Amor inesperado


Qué placentero, tranquilizador e inexplicable
saber que una caricia vuelve a sacudirme el alma,
que simplemente una mano sobre la mía me llena de paz,
que unos ojos me miran intentando descifrar mi corazón,
que mi mirada se refleja en otra que se vuelve celestial
y, sobre todo, saberte aquí.

Un abrazo inesperado adormece mis párpados,
deja caer mi cabeza sobre unos hombros extrañamente encontrados.
Un latir sorpresivamente acelerado
aparece cuando te aproximas a mi lado,
junto a constantes deseos de que tu presencia se instale aquí.

Suaves caricias han viajado por mi rostro,
dedos espléndidamente somnolientos han jugado con los míos
despertando a la ternura tiernamente escondida,
unos ojos cargados de dulzura se han posado sobre mí
y tú sentado a mi lado
me permites ser consciente de que estás aquí.

Quizás dudara de tanta locura disfrazada de suavidad,
sin embargo, el mundo ya no tiene vueltas para detenernos.
La confianza nos guiará hasta el destino siguiente
y las ansias de estar juntos nos brindarán el valor
para continuar en esta pequeña gran batalla del corazón.

Ana Stelmack

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