jueves, 17 de agosto de 2006

El café de la esquina

Hace unos días comencé a participar en una lista de correo, muy buena onda. Tiene un nombre particular que me llamó mucho la atención y creo que eso fue lo que me llevó a inscribime en ella. "El café de la esquina". Así se llama. Me pareció que sería como ir realmente a un café, a estar entre amigos, entre personas que tienen mucho para compartir y por conocer. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase "Nos vemos en el café de la esquina"? Personalmente nunca la mencioné. Pero suelen ser sitios que asocio bastante a lo literario. Me gusta el hecho de sentarme en un café, beber algo y, mientras, escribir. Inspirarme. Con el fuerte olor a café. Los transeúntes que se ven a través de la ventana. Gente que va, que viene. Gente que se sienta a leer el diario por la mañana, o por la tarde. Gente que se reúne a compartir risas con amigos. Gente con ganas de compartir su soledad. Gente en soledad, acrecentándola o disimulándola sentado en un café y mirando la interacción de los demás individuos. Gente con sueños. Reencuentros. Despedidas. Amores que comienzan. Amores que se terminan. Amores que ríen, que lloran, que disfrutan, que sufren, amores que se alejan, amores que se acercan, amores que se recuerdan. Muchos... "¿cómo estás? ¡tanto tiempo!", "yo te invito", "me gustaría compartir otro café... ¿te quedás?", "este café va por los viejos momentos", "te extraño", "te necesito", "te quiero", "te amo", "sos mi mejor amigo", "¡qué grande esta amistad!". Expresiones que se escuchan con mucha asiduidad en dichos lugares.
Y aquí estoy, dispuesta a instalarme en "el café de la esquina", compartir mi vida, mis recuerdos, mi presente y mi futuro con el fuerte aroma a café y la compañía de amigos que la distancia no puede alejar.

Ana Stelmack
(18 de julio, 2006)

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